jueves, 25 de marzo de 2010

USTEDES NOS ENSEÑARON....


Los dichos de nuestra Presidente Cristina Fernández al cierre de su discurso el Día Nacional de la Memoria en la ESMA-ese templo del horror- resumen maravillosamente lo que venimos pensando desde hace mucho tiempo sobre Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Dijo Cristina: "Ustedes me enseñaron. Yo aprendí".¡Cuántas cosas aprendimos de estas mujeres golpeadas duramente por la vida! De simples amas de casa, de mujeres sin actividad política o social, por infinito amor a sus hijos, pasaron a la historia como lo que son y representan para nosotros y el mundo. Tenacidad, paciencia, solidaridad, convicción, voluntad, valentía, constancia, son algunas de las grandes enseñanzas de Madres y Abuelas.
Confieso que muchas veces aflojé, me faltó valor o voluntad, pero al ver los blancos pañuelos me lo reproché con dureza.¿Por qué no puedo yo -sano y aún joven-estar allí si ellas pueden? Sentí mucha vergüenza.
Ayer, luego del acto, de los mejores en Junín por la cantidad y calidad de los participantes, me acerqué para saludarlas. Eran cuatro, pero en realidad son miles, y les dije tomándolas de las manos:-¡Gracias!¡Muchas gracias!.Y me fui rapidito, caminando entre la gente, para que no me vieran llorar.
No sé que decirte, Liggera, no tengo palabras, dijo Poucet. Y después de de un largo rato comentó:"esto no se aprende en la escuela ni en Universidad, Ligge"....

martes, 23 de marzo de 2010

ARDES, MEMORIA, ARDES....


24–M, MIÉRCOLES, EN LA PLATA

Debajo de la gran magnolia
florecida que perfuma
la tarde,
cuando el sol declina
ya su luz,
la muchachita rubia
y el muchacho
de camisa blanca
se besan
con los ojos cerrados.
Con los ojos cerrados
se besan
y dejan afuera del beso
y la tibieza de sus lenguas
al vendedor de pochoclos
y a las floristas.
Afuera dejan del amor
y sus urgencias
a los mandaderos,
a los oficinistas,
a las empleadas,
a las telefonistas,
que a esa hora
presurosos
cabizbajos
regresan a sus casas.
Afuera del beso
arriba
sobre sus cabezas ardidas
cuelgan muchos rostros
de otros jóvenes
–fotos de chicas y de chicos
con unos nombres
y unas fechas
y unas circunstancias –
que hoy serían casi viejos
como yo.

Afuera del beso.
Arriba
en el cordel
de farol a farol.


Rubén Américo Liggera, Cenizas de Alejandría, 2008

domingo, 28 de febrero de 2010


De nuevo estoy de vuelta, después de larga ausencia....porque lo del polaco nos dejó nocaut. Pero, el Ligge es obstinado y siempre vuelve a las andadas. Lo veo rumiando desde hace unos días sin dar mucha bolilla a la muchachada de la mesa contra el vidrio. Apareció esta mañana con un papelito doblado en cuatro. -Lo escribí ayer en Buenos Aires-, y no dijo más. Pasen y vean la novedad del Ligge:

Blus Nº 689

a A.O.C., H.A.H y O.L. del Batallón 601
a todos los que no hemos descubierto todavía



cara y seca doble faz y viceversa
pirómano bombero y viceversa
suerte culo y viceversa
truco retruco y viceversa
bigotazo conchita y viceversa
blanco y negro color y viceversa
poeta carnicero y viceversa
blableta mercenario y viceversa
diurno nocturnal y viceversa
compañero soplón y viceversa
buchón colega respetado y viceversa

Jano berreta de estas pampas
merece sin embargo de nosotros
un verso airado
unánime desprecio
repudio verdadero
ser señalado con el dedo
bajo luz potente y cegadora
para lanzarle un categórico epíteto
con nombre y apellido:

¡achicharrate en el infierno bocón hijo de puta!

miércoles, 27 de enero de 2010

Gombrowicz y la poesía



Contra los poetas

Por Witold Gombrowicz (Maloszyce/Polonia)

SERÍA más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes, ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental.
No cabe duda de que la tesis de esta nota: que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía pura" y, sobre todo, cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de esos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta "pobreza dentro de la nobleza" (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas muy curiosas: leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Gozar tanto de la "precisión matemática" de las palabras y no percibir una fundamental alteración en el orden de la expresión? Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de Valéry es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.
Me encontré, pues, cara a cara con el siguiente dilema: miles de hombres hacen versos; otros miles les demuestran gran admiración; grandes genios se expresan por medio del verso; desde tiempos inmemoriales el poeta y los versos son venerados; y frente a esa montaña de gloria: yo, con mi convicción de que la misa poética se efectúa en el vacío casi completo.¡Valor, señores! En vez de huir de ese hecho expresamente, tratemos de buscar sus causas como si fuese un hecho como cualquier otro.

Poesía pura y azúcar puro

¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar "puro". El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico.
¿Cómo hemos llegado a este grado de exceso? Cuando un hombre se expresa en forma natural, es decir en prosa, su habla abarca una gama infinita de elementos que reflejan su naturaleza entera; pero he aquí que vienen los poetas y proceden a eliminar gradualmente del habla humana todo elemento apoético, en vez de hablar empiezan a cantar y de hombres se convierten en bardos y vates, consagrándose única y exclusivamente al canto. Cuando un trabajo semejante de depuración y eliminación se mantiene durante siglos llégase a una síntesis tan perfecta que no quedan más que unas pocas notas y la monotonía tiene que invadir forzosamente el campo del mejor poeta. El estilo se deshumaniza; el poeta no toma como punto de partida la sensibilidad del hombre común sino la de otro poeta, una sensibilidad "profesional" y, entre los profesionales, se crea un lenguaje tan inaccesible como los otros dialectos técnicos; y, subiendo unos sobre los hombros de otros, forman una pirámide cuya punta ya se pierde en el cielo, mientras nosotros nos quedamos abajo algo confundidos. Pero lo más importante es que todos ellos se vuelven esclavos de su instrumento porque esa forma es ya tan rígida y precisa, sagrada y consagrada que deja de ser un medio de expresión: y podemos definir al poeta profesional como un ser que no se puede expresar a sí mismo porque tiene que expresar los versos.
Por más que se diga que el arte es una especie de clave, que el arte de la poesía consiste precisamente en lograr una infinidad de matices con pocos elementos, tales y parecidos argumentos no ocultarán el primordial fenómeno de que con la máquina del verbo poético ha ocurrido lo mismo que con todas las demás máquinas, pues en vez de servir a su dueño se ha convertido en un fin en sí; y, francamente, una reacción contra ese estado de cosas parece aún más justificada aquí que en otros campos porque aquí estamos en el terreno del humanismo "par excellence". Existen dos formas de humanismo básicas y diametralmente opuestas: una que podríamos llamar "religiosa" que coloca al hombre de rodillas ante la obra cultural de la humanidad y otra, laica, que trata de recuperar la soberanía del hombre frente a sus dioses y sus musas. El abuso de cualquiera de estas formas tiene que provocar una reacción y es cierto que una reacción así contra la poesía sería hoy totalmente justificada porque, de vez en cuando, hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros. Posiblemente los que han tenido la oportunidad de leer algún texto artístico mío se sentirán extrañados por lo que digo, ya que soy en apariencia un autor típicamente moderno, difícil, complicado y aun a veces -quien sabe- aburrido. Pero, téngase en cuenta que yo no aconsejo a nadie prescindir de la perfección ya alcanzada, sino que considero que esta perfección, este aristocrático hermetismo del arte deben ser compensados de algún modo y que, por ejemplo, cuanto más el artista es refinado, tanto más debe tomar en cuenta a los hombres menos refinados y cuanto más es idealista tanto más debe ser realista. Este equilibrio a base de compensaciones y antinomias es el fundamento de todo buen estilo, más, en los poemas no lo encontraremos, y tampoco se puede notar en la prosa moderna influenciada por el espíritu de la poesía.
Libros como "La muerte de Virgilio", de Herman Broch o aun el celebrado "Ulises" de Joyce resultan imposibles de leer por ser demasiado "artísticos". Todo allí es perfecto, profundo, grandioso, elevado y, al mismo tiempo, nada nos interesa porque sus autores no lo han escrito para nosotros sino para el Dios del Arte.
Pero la poesía pura además de constituir un estilo hermético y unilateral, constituye también un mundo hermético. Y sus debilidades aparecen con más crudeza aún, cuando se contempla el mundo de los poetas en su aspecto social. Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea. Los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé y, mutuamente, se rinden todos los honores. Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de una mezquindad imperdonable. La primera consecuencia del aislamiento social de los poetas es que en el mundo poético todo se hincha, y aún los creadores mediocres llegan a adquirir dimensiones apocalípticas y, por el mismo motivo, los problemas de poca monta cobran una trascendencia que asusta. Hace tiempo hubo entre los poetas una gran polémica sobre la famosa cuestión de las asonancias y parecía que la suerte del universo dependía del hecho de si es posible rimar "espesura" y "susurran". Es lo que sucede cuando el espíritu gremial domina al universal.
La segunda consecuencia es aún más desagradable: el poeta no sabe defenderse de sus enemigos. Y así vemos cómo en el terreno personal y social se pone en evidencia la misma estrechez de estilo que hemos mencionado más arriba. El estilo no es otra cosa sino una actitud espiritual frente al mundo, pero hay varios y el mundo de un zapatero o de un militar tiene poco que ver con el mundo de los versos: como los poetas viven entre ellos y entre ellos forman su estilo, eludiendo todo contacto con ambientes distintos, quedan dolorosamente indefensos frente a los que no comparten sus credos. Lo único que son capaces de hacer, cuando se ven atacados es afirmar que la poesía es un don de los dioses, indignarse contra el profano o lamentarse por la barbarie de nuestros tiempos lo que, por cierto, resulta bastante gratuito. El poeta se dirige sólo a aquel que ya está compenetrado con la poesía, es decir a uno que ya es poeta, pero esto es como si un cura endilgara su sermón a otro cura. ¡Cuánta más importancia tiene, sin embargo, para nuestra formación el enemigo que el amigo! Sólo frente al enemigo podemos verificar plenamente nuestra razón de ser y sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nos pone el sello de la universalidad. ¿Por qué, entonces, los poetas huyen ante el choque salvador? Ah, porque carecen de medios, de actitud, de estilo para afrontarlo. ¿Y por qué les faltan estos medios? Ah, porque eluden el choque.

El vate y el ridículo

La más seria dificultad de orden personal y social que debe afrontar el poeta proviene de que él, considerándose superior como sacerdote de la poesía, se dirige a sus oyentes desde más arriba; pero los oyentes no siempre reconocen su derecho a la superioridad y no quieren oírlo desde abajo. Cuanto más aumenta el número de personas que ponen en duda el valor de los poemas y faltan el respeto al culto, tanto más delicada y cercana al ridículo se vuelve la actitud del vate. Mas, por otra parte, crece también el número de los poetas y a todos los excesos de la poesía ya enumerados hay que añadir el exceso de bardos y el exceso de versos. Estas ultrademocráticas cifras minan desde el interior la aristocrática y orgullosa actitud del mundo de los poetas y nada más comprometedor, en ese sentido, que cuando se los ve a todos reunidos, por ejemplo, en un congreso: una muchedumbre de seres excepcionales.
Un artista que en verdad se preocupe por la forma buscaría alguna salida a este callejón, porque sin duda estos problemas en apariencia sólo personales están estrechamente vinculados con el arte y la voz del poeta no suena bien, ni puede ser seria y convincente mientras él mismo quede ridiculizado por tales contrastes.
Un artista creador y vital no vacilaría en cambiar totalmente de actitud y, por ejemplo, él desde abajo se dirigiría a la gente: como el que pide el favor de ser reconocido y aceptado o como el que canta pero al mismo tiempo sabe que aburre. Podría también proclamar públicamente esas antinomias y escribir sus versos sin estar satisfecho de ellos y anhelando ser cambiado y renovado por el choque regenerador con los demás hombres. Pero no es posible exigir tanto a los que dedican toda su energía a la "depuración" de su rima. Los poetas siguen agarrándose febrilmente a una autoridad que no tienen y embriagándose a sí mismos con la ilusión del poder. ¡Qué ilusos! De cada diez poemas uno por lo menos cantará el poder del Verbo y la elevada misión del Poeta lo que, justamente, demuestra que el Verbo y la Misión están en peligro... y los estudios o reseñas sobre poesía nos procuran una rara impresión: porque su inteligencia, sutileza y finura están en contraste con el tono que es a la vez ingenuo y pretencioso. Todavía no han comprendido los poetas que de la poesía no se puede hablar en tono poético y por eso sus revistas están llenas de poetizaciones sobre la poesía muy a menudo horripilantes por su estéril malabarismo verbal. A esos pecados mortales contra el estilo los lleva el temor que sienten ante la realidad y la necesidad de encontrar a toda costa una afirmación de su quebrantado prestigio.

Formas de la salvación

La ceguera voluntaria se nota también en ese simplismo tremendo en que caen hombres, por otra parte muy inteligentes, cuando se trata de su suerte. Muchos poetas pretenden salvarse de las dificultades expuestas más arriba declarando que ellos escriben sólo para sí mismos, para su propio goce estético aunque al mismo tiempo hacen lo posible por publicar sus obras. Otros buscan la salvación en el marxismo y afirman con toda seriedad que el pueblo es capaz de asimilar sus refinadísimos y difíciles poemas, productos de siglos de cultura. Ahora la mayoría de los poetas cree firmemente en la repercusión social de los versos y nos dirán extrañados: "Pero cómo puede usted dudar... Vea las muchedumbres que asisten a cada recital poético. ¡Cuántas ediciones se publican! Cuánto se escribe sobre la poesía y cuán admirados son los que conducen a los pueblos por el camino de la Belleza."
No se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas y que los pueblos admiran sus poetas porque necesitan mitos. No se dan cuenta que si las escuelas no enseñasen a los niños el culto de los poetas en sus tristes y tan formales clases de idioma nacional y si este culto no se mantuviera todavía por inercia entre los adultos nadie, fuera de unos pocos aficionados, se interesaría en ellos. No quieren ver que esa supuesta admiración por el canto versificado es en realidad el resultado de muchos factores como la tradición, la imitación y, aun otros como el sentimiento religioso o la afición deportiva (porque asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa -sin comprenderlo- y sólo cumpliendo un acto de presencia frente a un rito; y porque nos interesa la carrera de los poetas hacia la gloria así como nos interesan las carreras de caballos); no, ese complicado proceso de la reacción de las multitudes se reduce para ellos a la fórmula: "el verso encanta porque es bello..."

Que me disculpen los poetas. Yo no los ataco para molestarlos y gustoso tributaré homenaje a los altos valores personales de muchos de ellos; sin embargo ya se ha colmado el cáliz de sus pecados. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma. Poco me importa que digáis pestes de mí y de mi nota - ¿acaso puedo esperar que aceptéis un juicio que os quita la razón de ser?-. Y, además, mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho y por lo tanto, libres para elegir

Inquietente, Ligge, este texto encontrado por casualidad....tiene mucho que ver con tu Poesía ciudadana, publicado en este mismo blog. Sigamos buscando, a lo mejor, un día de estos...

lunes, 28 de diciembre de 2009

AGOREROS, VADE RETRO!!!!!

Ligge, recibí un artículo de Orlando Barone que viene justo para despedir el 2009 y dejar atrás a los agoreros con sus lenguas secas y amargas; ¿querés que te lo lea?, ahí va, dice así:

Gracias año, nos dejaste con la boca abierta


Quedan pocos días para el festejo de año nuevo. Un festejo que 2009 se merece. Demos gracias a los malos augures que desde aquél año nuevo de hace doce meses anunciaron catástrofes que no se cumplieron. Gracias por el vasto desacierto. Por dejar que fracasaran los heraldos del fracaso. Fuera con las malas pitonisas y los malos deseos. Gracias a esos feroces y divulgados economistas, políticos, periodistas, medios fundaciones, consultoras, oenegés y charlatanes sueltos, por equivocarse en augurar colapsos; gracias por no acertar, gracias por dejar expuestos al ridículo a las profecías y a sus profetas.

Gracias buen año por dejarnos entender qué significan y qué no significan los significantes que vienen envueltos con las noticias. Un aire de cambio de época atraviesa el calendario. Un aire que se lleva a antiguos y yertos anacronismos. Gracias a este despabilamiento que nos permite ver desnudos y sin máscaras a tantos intereses largamente disfrazados de desinterés y ética pomposa.

Gracias por revelarnos qué diferencias hay entre el credo y el poder cardenalicio; entre el judaísmo y un rabino rabioso; entre la injusticia y el linchamiento; entre la impotencia política y romperse el trasero; entre rechazar leyes y crearlas; entre la negación y las ilusiones; entre la burbuja especulativa y el Estado sólido.

Gracias 2009 porque lograste que las realidades felices desplazaran a las fabulaciones amargas; y porque empujaste a la derecha a salirse de la hipocresía. Gracias por sincerar a los opositores. Por enseñarnos la diferencia entre un gaucho de departamento y un gaucho; entre un campesino y un rentista, entre un “albista” y un “alcacista”; entre un colonizado que soba al emisario y un descolonizado que lo pulsea; entre un alcahuete y un militante. Y gracias por dejar que la Argentina pudiera transparentarse a pesar de las veladuras que se propusieron enturbiarla. Y que pudiera dejar a la vista a los alborotados alborotando y a los hacedores haciendo.

No es para tirar manteca al techo, pero por suerte hay manteca; no es para tirar la casa por la ventana, pero hay casa; no es para hacer aspavientos de consumo, pero hay consumo; no es para exagerar que los jubilados son prósperos, pero ya no son excluidos; no es para decir que la Argentina es una fiesta, pero se alejó del plano inclinado hacia abajo; no es para decir que esta es la llegada, pero este puede ser el camino.

Sí, año 2009, gracias. Nos dejaste con la boca abierta y a los agoreros con la boca cerrada.


domingo, 20 de diciembre de 2009

LIGGERA DICE EN LA TECLA Ñ DE DICIEMBRE


Les paso la nueva nota de Liggera en la revista La Tecla Ñ de diciembre y también, por si gustan(v ale la pena) el índice completo. Si no nos vemos, felicidades para todos. POUCET


Sobre cuervos, garrotes y utopías/ Rubén Américo Liggera



Por Rubén Américo Liggera
Especial para La Tecla Eñe

Ilustración: Aimée Zito Lema


“¿Cómo se puede pensar que alguien pida cosas superfluas
si está seguro de que no ha de faltarle nada?”

Utopía, Tomás Moro (1516)


Una vez más, como flujo y reflujo de los tiempos mediáticos, se ha vuelto a instalar en la agenda social el tema “inseguridad”. Fogoneado por los grandes medios-espadas principales de la oposición política pero más que nada en defensa de sus propios intereses- con la amplificación de líderes “mediático-espirituales” como Susana, Mirta, Marcelo o Chiche, así llamados, como si fueran uno más de nuestras familias.
Tal como sucede con la pobreza, cada tanto redescubierta, la inseguridad es un asunto que los medios tratan de manera superficial y alarmista; sólo consignas que avivan el miedo y la desconfianza del pueblo. Sumando estos y otros elementos del “periodismo negro”, cuyo Manual de Estilo describió estupendamente en su columna el periodista Orlando Barone, podríamos afirmar sin ruborizarnos que estamos ante una oleada de terrorismo mediático.


Los fines y los medios
¿
Qué se pretende con esta actitud? Seguramente crear un clima de zozobra y violencia social. ¿Destituyente? Tal vez. Depende de nuestra prudencia. Si no caemos en la tentación de las soluciones facilistas seremos capaces de repechar la tendencia e instalar un análisis más o menos racional sobre una cuestión que si por algo se caracteriza es por su complejidad.
Otra cosa también es cierta: los monopolios de la información vieron afectados sus intereses luego de la aprobación de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales y se pintaron la cara antes, durante y después de su estado parlamentario. A estos intereses, que son concretos, debemos sumarle las voces de ricos y famosos que reiteradamente solicitan represión y hasta pena de muerte. Y de alguna manera-dado su bien merecido prestigio, nadie lo duda-se convirtieron en la voz de vastos sectores populares. Están en la tele y son palabra santa. ¿Saben que representan a la derecha más xenófoba y retrógada? No lo creo. Son sectores que consumen medios sin actitud crítica. (Aunque detrás, hay otros sectores que sí tienen conciencia de lo que simbolizan)
Es curioso que la clase media, media baja, trabajadores y hasta desocupados sean fieles y exaltados corifeos de estos personajes mediáticos. Porque si se mira bien, también son responsables de muchas de sus desgracias.

Cría cuervos…
No me animaría a considerarlos los causantes de los males de la Argentina. Sería una enormidad. Si embargo, festejaron la fiesta neoliberal de los ´90. ¿O no fueron beneficiarios directos de la especulación financiera, el uno a uno, la concentración económica, las “relaciones carnales”, el consumismo desenfrenado?
Sin embargo, como dice el refrán: “Cría cuervos y te quitarán los ojos”… La inequidad, la injusticia retributiva, la creciente desocupación, la obscena marginalidad y otras desgracias producidas por el Consenso de Washington son en gran parte causantes de los males del nuevo siglo.
Debo aclarar, que tampoco pretendo realizar una burda simplificación de este fenómeno social. No hay seguramente una traslación mecánica y determinista que indique con certeza pobreza = violencia. Pero convengamos que la llamada “inseguridad”, que mejor podríamos considerar como “violencia social”, tiene, en gran parte, un origen que remite necesariamente al empleo decente, la justicia distributiva, la educación, la salud y la igualdad de oportunidad para todos los ciudadanos.
Volvamos a la sabiduría del refrán: si hemos sido insensibles a los clamores de los sufrientes, si hemos pensado solamente en nosotros mismos, si hemos avalado políticas destructivas del aparato productivo nacional, si hemos aplaudido desde nuestros barrios privados la aniquilación de las organizaciones sindicales y sociales, la degradación de la educación estatal, la pauperización de la salud pública, ¿qué habremos logrado? ¡Criar cuervos que luego, ahí nomás, a la vuelta de la esquina, nos quitarán los ojos!

Responsabilidad social y política
No podemos ni debemos mirar para otro lado. Asumamos las responsabilidades que nos tocan. Aunque fueran mínimas. Todos las tenemos, de alguna u otra manera; por acción u omisión.
No será con la baja de la edad de imputabilidad de los menores, la represión indiscriminada, el cierre de fronteras, la construcción de oprobiosos muros o con la implantación de la pena de muerte que solucionaremos el problema de la convivencia pacífica en sociedad.
Por el contrario, deberemos ser conscientes de nuestro compromiso político y social. Trabajemos para favorecer a los más débiles: los niños, las mujeres, los ancianos; defendamos políticas sociales inclusivas; desarrollemos una economía de consumo popular; luchemos por una mejor educación; pensemos que el mejor sistema de salud es el que se anticipa a las enfermedades, como nos enseñara el sanitarista Carrillo hace ya algunas décadas.
Ni garantistas ni mano dura: solo sentido común, apego a la ley, humanidad, amor al prójimo.
En lo inmediato podrá intensificarse la prevención del delito, es una obligación legítima del estado democrático preservar la paz interior, sin embargo, unas políticas económicas y sociales de largo aliento serán indispensables e ineludibles, para mitigar-si no erradicar- relaciones sociales violentas.

Viejas utopías

Aunque parezca un pensamiento pasado de moda-o “setentista”, otra manera grosera de descalificación intelectual-las viejas utopías continuarán motorizando el pensamiento y la acción de muchos argentinos.
Volvamos al estado de bienestar que algunos conocimos siendo niños, ¿por qué no? Aunque ya el mundo no sea igual, debemos intentarlo. Aunque más no fuera para justificar nuestra propia vida.
Derrotemos la desesperanza y la impotencia. Los intereses a desmontar son incalculables. Valgan como ejemplos la airada reacción de la patronal agrosojera cuando vieron reducidos en algo sus fabulosas ganancias o los monopolios de la comunicación cuando advirtieron que con las nuevas reglas de juego deberían desprenderse de algunas de sus empresas. Y así sucederá con la especulación si se presentara alguna nueva ley de entidades financieras o se intentara afectar cualquier otra actividad concentrada. Cada vez que se toca el más sensible de los órganos las clases privilegiadas pondrán el grito en el cielo, nadie lo dude.
De ahí en más, los gobiernos populares serán demonizados. La caracterización más grosera dirá que es un gobierno demagógico, clientelista, antidemocrático, distribucionista, intervencionista, resentido, en fin, “crispado”( palabreja hoy de moda entre legos y periodistas notorios)
Pero las políticas liberales, supuestamente éticas y republicanas, a lo largo de nuestra historia nos demuestran lo contrario. Hagamos un sencillo ejercicio de memoria y veremos que la pobreza y la exclusión no son un invento de estos tiempos, sino por el contrario, vienen desde muy lejos. Si nos animamos, desde varios siglos atrás.
Cerremos esta nota como la abrimos, con un homenaje a Tomás Moro y todos aquellos utopistas que lo precedieron y sucedieron. En diversas épocas, hombres y mujeres que no se conformaron con las sociedades en que vivían, pensaron en otra manera de organización social: utopías.
Según la real Academia, utopía o utopia. (Del gr. οὐ, no, y τόπος, lugar: lugar que no existe).1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.
No seamos ingenuos ni voluntaristas, pero tengamos determinación y firmeza para vencer la mediocridad, los clisés, el pensamiento acrítico o directamente berreta. Así, la utopía podrá establecerse en algún lugar: nuestra patria.
Y sobre todo, superpongamos nuestras voces-ahora que es posible- a la uniformidad informativa y valorativa de los grandes monopolios de la comunicación.
Hay otra realidad, hay otras posibilidades. Depende de nosotros.



rliggera@hotmail.com


Va el Sum
ario Completo del número de diciembre:

* González Horacio. Clases medias, abran comillas.
* Braceli Rodolfo/ Entrevista/ Arrojarse a las preguntas y que la vida ladre
Por Conrado Yasenza
* Grande Alfredo/ DE LOS CHICOS DEL PUEBLO A LA OTRA JUVENTUD MARAVILLOSA
* Díaz Claudio/ Sarcasmos del capitalismo
* Jozami Eduardo/ Cortázar y el Peronismo
* Franzoia Alberto/ Volver al núcleo duro de la teoría del imperialismo
* Drí Rubén/ El arma desestabilizadora del miedo
* Vilker Shila/ Ya nadie podrá reírse de un cadáver
* Garaventa Jorge/ ¿Cromañón Nunca Más…o… Ahora y Siempre?
* Forster Ricardo/ Relaciones entre periodismo y cultura
* Liggera Rubén/ Sobre cuervos, garrotes y utopías
* Kornblihtt Juan / Economía/ Sin soluciones fáciles
* Benítez Luis/ PAZ Y RECONCILIACION: ¿UNA POSIBILIDAD REAL O UN IDEAL?
* Vazquez de Teitelbaum Mirta/ Capitalismo y goce
* Sorrentino Fernando/ Frankenstein / Cuento
* Olaso Sebastián/ Mirarse el ombligo
* Crescenzi Flavio/ De la poesía mística al impresionismo literario. El problema de la inefabilidad.
* Wenceslao Maldonado/ Juntada o Fusión Tribal


domingo, 6 de diciembre de 2009


Niños que están

Están ahí
como piedritas incrustadas que rasgan el asfalto
o palmas descoloridas de marrón
relleno de lluvia
desordenados
tensando el hilo de las espaldas
entre besos de nylon
o barriletes de estación
y el cielo que casi les toca la cabeza.
Le dan soga a los días
enrrollan y vuelven a dar
cómo miran exprimiendo sus ganas.
Están
habitan todas las horas
todos los pasos de la ciudad
sudan en cada baldosa
o roban de los diarios la ausencia
y sonríen.
Son las flores de la calle
se ven
pero no se escuchan
se oyen
pero no se miran
y
de aguantar
a veces
con ojos ajados
lloran
refugiados de tanta higiene.

Conrado Yasenza

Yo me pregunto, Ligge, dice Poucet: ¿es posible escribir poesía luego de tanta insensatez?.....