sábado, 30 de abril de 2011

EL FEO EL SUCIO EL MALO


EL FEO EL SUCIO EL MALO

El poder, la política y los medios

Especial para La Tecla Eñe

Por Rubén Américo Liggera*



“Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación”

Umberto Eco, 1987


¿Quién no recuerda con regocijo la genial película de 1976, Brutti, sporchi e cattivi, con guión y dirección de Ettore Scola? Quizá la obra cumbre de un “neorrealismo italiano” ya próximo a su declinación por estar entrándose en otro contexto histórico y social que lo privaba de su sentido original en aquella Italia de posguerra.

Lo cierto es que hemos recurrido en varias oportunidades al film para ocuparnos, mucho después, de nuestra disparatada y tragicómica propia realidad de lejano país sudamericano.

Feos, sucios y malos son para el poder concentrado y hegemónico todos aquellos que han osado alguna vez cuestionarlo. Y mucho peor, si tuvieran la valentía de disputarlo.

Y la respuesta no se hizo esperar. Contra ellos desarrajaron todas las municiones de alto calibre disponibles. Mediante operaciones mediáticas y campañas sucias trataron de desprestigiarlos, enlodarlos, sepultarlos socialmente. Y en gran medida lo lograron. Más adelante veremos por qué han fracasado.

Nada mejor que la prensa canalla y sus febriles escribas para instalar una agenda política contraria a los intereses populares y favorable a la conservación del poder. Porque de eso se trata. De intereses políticos y económicos amenazados seriamente por un gobierno de signo nacional y popular.

Auque ya no resulte una novedad, volvemos a preguntarlos: ¿a qué le teme el poder tradicional y sus adláteres en Argentina? Y nos volvemos a responder como en notas anteriores: a perder sus cuantiosos privilegios de años, concedidos por la violencia de la espada, la corruptela institucional o la gracia divina. Lo cierto es que temen-y con fundamento-que de continuar por el camino que abrió tozudamente el ex Presidente Néstor Kirchner y su esposa, la actual presidente de la Nación, habrá más y mejor democracia, con más medidas que sigan beneficiando a las mayorías, a los industriales nacionales, a los pequeños y medianos productores, a los trabajadores.

Reindustrialización, energía barata y diversificada, más empleo registrado, menos desocupados, condena al “trabajo esclavo” y trata de personas en todas sus formas, mayor distribución de la riqueza, participación de los trabajadores en las ganancias, ampliación de la Asignación Universal por Hijo, otra Ley de Entidades Financieras, Ley Penal Tributaria para controlar la evasión, nuevo Estatuto del peón, recreación de una Junta Nacional de Granos, más inversión en salud y educación, seguridad con responsabilidad, etc., etc., etc., son, entre otras, cuestiones aún pendientes.

Por lo tanto, quienes de alguna manera trabajaron o trabajan para cambiar las relaciones de poder en nuestro país serán convertidos en personas repelentes, nefastas, inescrupulosas. Ejemplares paradigmáticos de la fealdad, la mugre y la maldad terrenales.

¿Y quiénes son el feo, el sucio y el malo más demonizados de los últimos tiempos? Apunten, listos,..¡fuego!

Comencemos por el feo: Néstor Carlos Kirchner, un plebeyo loco pero simpático, desacartonado y entrador, que de pronto, cuando vieron qué onda, se convirtió en un adefesio insoportable. ¿Por qué? Porque se jugó por sus convicciones: por la memoria y la justicia, por los derechos de los trabajadores, por paritarias libres, por el crecimiento económico, por la protección industrial, por la inclusión social, por la estatización de las AFJP, por la extensión de los derechos previsionales, por aumentos a los jubilados, por el financiamiento educativo de más del 6% del PBI, por la educación técnica, por el desendeudamiento externo, por la integración latinoamericana, por sepultura definitiva del ALCA, por rechazar las políticas del FMI que aconsejaban ajuste perpetuo y creciente endeudamiento. En fin, porque cambió radicalmente el paradigma neoliberal de los noventa. Demasiado mucho en tan poco tiempo para la patria sojera, los intereses portuarios y la voracidad financiera.

Y aunque Cristina no es para nada fea-tal vez por eso mismo- hicieron lo imposible para que lo pareciera. Por suerte no lo consiguieron. Aunque el patriciado vacuno haya contado con la traición imperdonable del hoy devaluado vicepresidente, el inefable Cleto Cobos, por esos días casi un héroe nacional para Clarín, La Nación y

Perfil.

Luego de su imprevisto fallecimiento el pueblo lo lloró intensamente, con dolor verdadero. De pronto los jóvenes se manifestaron y volvieron a creer en la política como la única herramienta para lograr una revolución pacífica. La oposición quedó descolocada, sin brújula ni destino. El embuste quedó al descubierto. El costo fue altísimo pero ya no les resultaría tan cómodo imponer un único relato. El flaco, el bizcocho, el pingüino, escribió con su propia muerte la otra historia: la titánica epopeya de las clases populares luchando de manera desigual contra la indignidad y la injusticia impuesta a sangre y fuego por los poderosos.

¿Y el sucio? ¡Ah, el más sucio de todos encima es negro! Y además, detenta buena porción de poder, el que le delegaron los trabajadores. Por eso mismo, hoy por hoy, Hugo Moyano es el blanco móvil preferido de los oligopolios mediáticos.

“Los trabajadores queremos llegar al poder. Y eso es lo que a muchos les molesta”, dijo desafiante. ¿Y cuál es el problema? ¿Por qué razón los trabajadores no pueden participar en los ámbitos decisorios de la política nacional? En la superficie, prejuicios racistas que dan por tierra con derechos consagrados por nuestra Constitución. En el fondo, la detentación del poder y sus consecuencias.

Al contrario, hoy resulta casi necesario para garantizar la continuidad de un modelo exitoso que beneficia a los trabajadores. Lula –tan elogiado por nuestros periodistas e intelectuales- es el mejor ejemplo de que un obrero metalúrgico pudo gobernar al país más grande y poblado de América Latina.

¿O acaso después de la rebelión vacuna las entidades patronales no insertaron en las listas de legisladores de distintos partidos a los llamados “agrodiputados”? Un objetivo que aún no han abandonado, según lo manifiestan en todas las tribunas y cámaras que se les ofrezcan. Que hayan obtenido algunos resultados importantes en la coyuntura de 2009 es un dato de la realidad y que hayan sido luego inoperantes en el Congreso por sus propias carencias es otra historia.

De Moyano se festeja verter ríos de tinta para degradarlo, o larguísimos minutos radiales y televisivos para aterrorizar a una timorata clase media con el cuco. Pero recordemos que en pleno apogeo neoliberal fue el líder de un centenar de sindicatos nucleados en el MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos) que se opusieron a la conducción oficial de la CGT y por ende, a las políticas devastadoras del menemismo. Deberíamos estarle agradecidos.

Su poder inquieta, fastidia, pero es genuino, lo ganó en la calle, a la cabeza de sus compañeros. De más está que aclaremos que no todos los sindicalistas son iguales pero están dónde están por el voto de sus afiliados.

¿No llama la atención que diariamente reciba ataques y diatribas con tanta mala leche? ¿Por qué darían más de lo que el negro valdría? Mmmmmm…

¿Adivinen, por último, quién es el más malo de entre los malos? ¡Si! Señoras y señores: Guillermo Moreno, nuestro Secretario de Comercio Interior, “apretador oficial de los K”, según Perfil. "Un personaje siniestro”, dice la señora de la mañana.

¿Por qué será? Tal vez por su obstinada fiscalización en Papel Prensa como representante del Estado, por las licencias no automáticas a la importación de productos que nosotros fabricamos, por tratar de controlar precios, por desenmascarar a los “analistas privados” que meten miedo con los índices mensuales del IPC (Índice de Precios al Consumidor), por tratar de limitar la voracidad empresaria.

Tal vez no parezca un señor de buenos modales, pero la cosa no pasa por ahí. Que haya recurrido a calzar guantes de box y casco amarillo no fue más que una puesta en escena para simbolizar cómo debemos prepararnos para combatir al holding que produce el papel para diarios que se le antoja y lo vende como quiere y a quién le parece. ¡Viva la libertad de prensa!

Además de gracioso y llamativo, lo más razonable es pensar que algunas decisiones de Moreno meten el dedo donde no se debe, ¿y a quién le gusta visitar al proctólogo?

Hay otros ejemplares no tan feos, no tan mugrientos y no tan maléficos que también la ligan. De vez en cuando, pero los surten de lo lindo. Propongo a los amigos y lectores que elaboremos un ranking de contusos y lesionados del mes. Sería divertido.

Sin embargo, acordemos que el sumun de la fealdad, la suciedad y la maldad son los mencionados Néstor Kirchner, el Hugo y Guillermo Moreno o Moreno a secas.

Por suerte, luego de discutida y aprobada la Ley de Medios Audiovisuales, si bien la disputa es más encarnizada, más despiadada, más sangrienta, ahora es evidente; por suerte han surgido nuevas miradas, multiplicidad de voces y cantidad de medios para informar con la verdad, para opinar con argumentos sólidos y cierta coherencia.

Todos pueden pensar cómo quieran sin censura previa según sus propias ideologías, honremos la democracia, pero lo que resulta inadmisible hoy para la profesión periodística es la mentira, la manipulación, el ocultamiento y el odio militante disfrazado de un imposible “periodismo independiente”.

Comenzamos y terminamos con Eco: "La idea de que un día habrá que pedir a los estudiosos y educadores que abandonen los estudios de televisión o las redacciones de los periódicos para librar una guerrilla puerta a puerta, como probos de la recepción crítica puede asustar y parecer pura utopía. Pero si la Era de las Comunicaciones avanza en la dirección que hoy nos parece más probable [N de la R: atención que estamos a finales de los ochenta]

, ésta será la única salvación para los hombres libres. Hay que estudiar cuales pueden ser las formas de esta guerrilla cultural.

Probablemente, en la interrelación de los diversos medios de comunicación, podrá emplearse un medio para comunicar una serie de juicios sobre otro medio. Esto es lo que en cierta medida hace, por ejemplo, un periódico cuando critica una transmisión de televisión. Pero, ¿quién nos asegura que el artículo del periódico será leído del modo que deseamos? ¿Nos veremos obligados a recurrir a otro medio para enseñar a leer el periódico de manera consciente?”

Cada cual a su trinchera y ¡aguante 678!


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